lunes, 27 de mayo de 2013

Carta de Ceci al Abuelo


Abuela

No sé ni por dónde empezar... la verdad es que por más que le doy vueltas son tantas cosas las que vivimos con el abuelo que es difícil de encontrar una muy significativa.

Soy una persona muy sensible y creo que hasta la fecha cada que veo una foto del abuelo se me salen las lágrimas, y aunque en parte son de tristeza de no tenerlo entre nosotros también son de alegría, ya que me pongo a ver todo lo que construyó en su larga vida y todo lo que vivió y me doy cuenta de que él está muy tranquilo descansando y viéndonos como nos damos de topes para resolver los problemas que se nos cruzan en el camino.

Creo que fui muy afortunada de poder vivir muchas cosas con los abuelos, viajes, fiestas, historias, consejos... no solo tengo un recuerdo del abuelo, sino millones de ellos, pero algo que viví con él y me gusto muhisisísmo hacerlo, fue el haber compartido su pasión por el taller de herramientas, me acuerdo mucho que ayudó a hacer mi entrega de diseño industrial, donde EL Y YO construimos una mesa en su taller, creo que soy muy afortunada de haber podido compartir el taller del abuelo con él, yo sé que ese espacio era muy importante para él, donde pasaba largas horas construyendo nuevos inventos para la casa y aunque el chiste era que yo hiciera el trabajo a pesar de enseñarme cómo usar las cosas para no lastimarme, al final lo acababa haciendo el, porque nunca dejó que me pasara algo allá abajo, pero siempre era su ilusión esperarme en la tarde con su cara de emoción para empezar a trabajar en el proyecto de su nieta la más grade...

Algo de lo que soy muy afortunada es de haber podido presentar a Chicho con el abuelo, a pesar de que siempre trataba de robarnos unas horas para platicarnos del matrimonio, era muy padre ver como se interesaba también de todo lo que le platicaba chicho, yo estoy segura que su sangre cubana los unía más de lo que uno creería :)

 

Siempre tuve el gran sueño e ilusión de que el abuelo estuviera el día de mi boda y bailar con él como mi segundo papá y que conociera a mi primer hijo, y aunque sé que el abuelo no estará físicamente en esos momentos tan importantes en mi vida, me conformo con que conoció y quiso muchísimo a chicho, que siempre le tuvo muchísisismo afecto y admiración.

 

Tengo algo muy grabado en mi mente: 2 días antes de morir, un domingo o sábado no recuerdo bien, fuimos a visitar al abuelo, chicho y yo, y al despedirnos le dijo a Chicho que no me dejara ir, que tenía a una mujer extraordinaria a su lado y que me cuidara mucho... es una imagen que JAMÁS se me va a ir de la mente... Y ahora entiendo que ese momento fue la mejor despedida, que aunque al día siguiente lo fuimos a visitar y vimos EN BUSCA DE LA FELICIDAD con el todo el día, ese fue su momento con nosotros.

 

En fin .. si sigo no dejaría contar sus historias a los demás, que estoy segura que son divertidas y tan conmovedoras como las mías.

 

Abuela gracias por hacernos recordar días tan padres y bonitos del abuelo... ya estoy aquí llorando en la oficina de acordarme de todo esto.

 

Te quiero mucho

 

Ceci

lunes, 29 de abril de 2013

Sobre reflexiones del Dr. Roberto Maass


Las reflexiones sobre temas humanos, sociales, filosóficos y teológicos del Dr. Roberto Maass  Escoto

El Dr. Roberto Maass pionero de la medicina nuclear en México, fue en vida persona inquieta,  muy cuestionador en toda clase de temas. Defendía sus convicciones y razones con amplitud buscando la verdad más allá de lo que usualmente se pensara o dijera. No le gustaban en modo alguno todos esos términos difusos, confusos y profusos, llenos de emotividad que en muchos libros, artículos de internet suelen poner los filósofos, teólogos y humanistas ampulosamente. Detestaba las definiciones imprecisas, ambiguas formuladas de manera abstracta que llevaban a los autores a sacar conclusiones apresuradas de dudosa calidad intelectual.

Escritor prolijo, más que con pluma con su computadora, la cual usaba con destreza teniendo ya más de ochenta años. El correo electrónico lo usó ampliamente para comunicarse y   defender sus puntos de vista con mucha convicción,  con sus amigos, familiares, colegas, sacerdotes y personas de páginas de la web que le parecieran cuestionables.

Los temas de reflexión en torno a la familia eran los de sus preferencia, mostrando especial interés sobre el aspecto de una vida que se comparte, donde aprender a comunicarse a entender el lenguaje no verbal representa un elemento importante. Hablar del matrimonio como un contrato legal le resultaba un tanto cuestionable, porque el amor en la familia no puede reducirse a unos derechos y obligaciones. Entenderlo así representa, según sus consideraciones, fuente de muchos males y totalmente opuesto al amor.  Es la individualidad de la persona  algo que el derecho no puede abarcar de manera adecuada. La justicia de la que habla la ley  no puede compararse con la relación generosa del amor en donde la persona cuenta una a una, en contraste con la manera indefinida, vaga que lo hace una ley que se aplica homogéneamente dejando las condiciones del individuo en la oscuridad.

Otro de los temas que desarrolló con gran interés es el de los Valores que en la actualidad la Filosofía en su rama de la Axiología nos presenta con gran amplitud pero con gran ambigüedad de interpretaciones. Tanto así que dándose a la tarea de buscar listas de valores en diversos portales, se encontró que de 112 conceptos tomados como valores tan sólo nueve coincidían en las cuatro listas presentadas en las páginas consultadas.  El aspecto de satisfacción para el sujeto fue lo que encontró como elemento que tipificaba a los diferentes llamados valores, inclinándose más por una interpretación subjetivista de éstos que hablar de cualquier sustento físico para los valores.

Le preocupó  mucho la disparidad de puntos de vista entre la ciencia y la religión; el ateísmo cerrado que encontró en científicos y algunos colegas,  pero también los puntos de vista de sacerdotes  con mentalidad anacrónica cerrados a la ciencia. Religioso como era, consideraba que  la existencia de la sexualidad en la correspondencia física fisiológica entre el hombre y una mujer representaba racionalmente una prueba incontrovertible de una Inteligencia  Superior, cuya existencia  el azahar no puede explicar de ninguna manera. Así como no podemos entender la perfecta correspondencia entre un tornillo y una tuerca surjan del azahar no podemos encontrar la simple casualidad explique la sexualidad humana sin intervención de alguien que lo haya planeado. Sin embargo para su sorpresa este tema del sistema reproductivo humano consideraba que muchos religiosos dentro y fuera del clero no lo tenían como  adecuado tratarlo, por pensar que era sucio o indebido,  siendo a su entender, una de las mayores maravillas de la creación.

El ser humano como imagen de Dios, decía, comparte con Él su capacidad de creación.  Inventor nato, siempre busco soluciones creativas en su ámbito profesional pero también llevó su creatividad e inventiva a su entorno. Aficionado a lo electrónico no le faltaron oportunidades de crear un sistema de controlar automáticamente el riego del jardín o poner un timbre especial que destacara el sonido del timbre de la calle, pero también desarrollo su ingenio a todos los ámbitos de su entorno, hasta el final de su vida  con pequeños artilugios para, ordenar sus archivos,  ahorrar agua e incluso últimas fechas uno que  le servía para evitar que se le cayeran los calcetines, usando una especie de  resorte dispuesto con imaginación.

Otro tema de orden psicológico filosófico  en el que reflexionó ampliamente es el de la conciencia  psicológica y  moral como una inflexión del espíritu  fundamental del hombre que le diferencia  de  los animales, de manera un tanto asombrosa. También en el campo de la epistemología se interesó mucho por la abstracción y los conceptos universales, porque eso de lo abstracto y universal le resultaba muy sospechoso. Siendo de nacimiento cubano, sufrió en carne propia el que su familia tuviera que huir de Cuba siendo el muy chiquillo,  para nunca volver. Todo  por culpa de un gobierno socialista, que busca borrar la individualidad de cada persona, tema que le causó aversión a  todo concepto abstracto, incluso en el tema de la  Ciencia y la Filosofía. Así en sus reflexiones sobre el conocimiento consideraba que lo abstracto y universal representaba una manera empobrecida de lo conocido, deficiente de la información que nos puede dar cada cosa conocida. Para explicar el conocimiento se encontró con  la  Teoría de la Información la cual decía que en el siglo XX representaba uno de los adelantos en la Teoría del Conocimiento más significativos desde época de la Antigua Grecia.

El tema del bien común y la situación de la pobreza como un problema personal fue asunto que debatía con acaloramiento, por la problemática difusa que representa para los especialistas en doctrina social su definición y la manera concreta en que incide en las personas el bien o la pobreza. Los políticos empeñados en arreglar las cosas con leyes representaban para él un error por cuanto quedaban muy cortos en cuanto la posibilidad de resolver la situación de cada prójimo. Apoyó en su inquietud,  todas las causas humanas, y sociales que le parecieron dignas de ser tomadas en cuenta y hasta sus últimos días buscó participar en política o donde pudiera aportar algo.

Aunque escribió mucho, publico pocos artículos fuera del ámbito médico y científico, sobre todo por su afán de perfeccionismo.  Hacía versiones distintas de lo que reflexionaba y las ponía a la consideración de su esposa, sus hijos y amigos corrigiéndolas, vez tras vez, teniendo nueve, diez o más versiones del mismo tópico. Entre lo que sí publicó, tiene una semblanza sobre  el investigador de la pedagogía Pablo Latapí al corto tiempo de fallecer éste y con quien llevó una entrañable amistad. También tiene otro sobre su encuentro con los escritos de Gilber Chesterton, escritor inglés, que era uno de sus favoritos.

Solía contar que  en las madrugadas es cuando le venían de repente, muchas de sus ideas de las que escribió. Teniendo textos sobre variedad de temas no médicos  suficientes para cuando menos dos libros sobre tópicos diversos como: la persona, la conciencia, la abstracción, la familia, la comunicación, la existencia de Dios, la información, los valores, la creatividad, el prójimo, la ley y el amor, la libertad, entre muchos otros. Escritos  algunos breves y otros extensos, teniendo incuso una recopilación de ideas interesantes que quería desarrollar algún día…  Conocedor de la ciencia en general, la biología, la medicina, la física, religión y variedad de ámbitos de la cultura, por no hablar de la cantidad de experiencias de viajes y congresos internacionales a los que  asistió fue una persona que hasta sus últimos días  se preocupó más allá de la medicina, por toda clase de ámbitos  humanos, religiosos, políticos, sociales y a últimas fechas por las anécdotas  de su historia personal familiar. Patriarca de más de 50, entre hijos y nietos,  no dudaba en platicar con aquellos que le parecía necesitados de consejo, sobre su familia, sobre el noviazgo, sobre los regalos, entre otros y plantearles aquello que su experiencia y sabiduría  en sus más de ochenta años le autorizaban decir. Reflexivo y cuestionador representa un ejemplo de un pionero en la medicina nuclear pero también una persona con amplitud de horizontes geográficos, intelectuales, políticos, teológicos, filosóficos  y humanos en general. Aunque no siempre fuera fácil de convencer o discutir con él.

Eric Belmont Moreno

Su sobrino “filósofo” que en multitud de tardes visitó para platicar y escucharlo.

México, D. F. a 1° de noviembre de 2011

lunes, 1 de abril de 2013

Todo era parte del encanto


Todo era parte del encanto

Los viajes de Papá al rio Amazonas, a las Rocallosas, a la Selva Negra, a los parques nacionales de Eslovenia etc., etc. son legendarios y hablan de la atracción que la naturaleza ejercía sobre él y también sobre Mamá, que aunque no los iniciaba, siempre era materia dispuesta. Estos son conocidos porque Papá nos hablaba mucho de ellos. Cuando la familia era joven y antes que él y Mamá pudieran viajar tanto, Papá ejercía su gusto por la naturaleza de otra manera menos conocida excepto por quienes lo experimentamos y gozamos. 

Cuando te quería convencer de algo bueno para ti, Papá siempre contaba con argumentos irresistibles. Así Javier y yo acabamos en el grupo 21 de los scouts (lobatos). Sus argumentos en este caso provinieron sin duda de esa pasión que tuvo por la naturaleza y el descubrimiento de sitios de belleza inesperada o recóndita o las dos cosas. Tuvo razón porque lo que más recuerdo de los scouts no era necesariamente las amistades entrañables que hubiera cosechado o lo que haya aprendido para sobrevivir en la selva, sino más bien las docenas de sitios que visitamos y el olor a fogata durante los campamentos a Valle de Bravo, Peñas Cargadas, Las Estacas, Los Azufres, Zempoala, Hacienda de Conde de Regla, los Gigantes de Tula y otros lugares que ya no recuerdo de nombre.

Otra manifestación de la atracción de Papá por la naturaleza fue su empeño en organizar viajes de "día de campo" prácticamente cada semana. Para este fin, Papá y Mamá tuvieron, a lo largo de muchos años, tres camionetas en sucesión: la Plymouth azul, la Chevrolet Malibu y la Ford verde con paneles de imitación madera. Antes de la primera y después de la última, la familia era más pequeña. Ya sea porque todavía no éramos todos los que ahora somos o porque algunos de los que somos, ya habíamos dejado la casa familiar o porque éramos adolecentes... En esto contrastábamos con otras familias de amistades que preferían ir al club o buscar entretenimiento en la ciudad - o en casa.

Papá y Mamá definitivamente tenían mucha pasión por estos viajes, primero porque salir con múltiples niños, cargando con lo necesario para proveer sustento y diversión, era todo un bata clan; exigía profunda motivación y tolerancia por el caos. Segundo, porque en dos ocasiones hicimos, en las camionetas aludidas, viajes de gran envergadura: uno en el 1959 o 60 a Durango vía Mazatlán y otro en 1962 hasta la ciudad de Nueva York  vía Texas, Luisiana, Tennessee, Mississippi, Virginia, Washington, Maryland, Delaware, Pennsylvania, New Jersey y... de regreso. Los motivos y los destinos nunca faltaban: a visitar a algún pariente olvidado de provincia, a visitar algún sitio arqueológico, a pasear a un visitante internacional o, simplemente, ir al "campo". Esto último quería decir coger cualquier carretera, detenernos en cualquier sitio, tranquilo, sombreado y de buen aspecto en donde pudiéramos estacionar la camioneta, abrir la puerta de atrás (que se abría hacia abajo para formar una mesa) y distribuir la comida. Después, correr un poco, treparse a algunos árboles, cazar uno o dos tigres en la maleza, andar en bicicleta a campo-traviesa, correr con el perro (sí, todo eso era parte del cargamento) y exasperar a Papá y Mamá con algún pleito, chichón, fractura o algo similar. Después, recoger, contar niños y emprender el regreso. Todo era parte del encanto.

Las miles de diapositivas que Papá tomaba con su Voigtländer registran las bellezas naturales a que nos expuso así como los momentos más presentables de esos viajes.

Eso fue muy formativo para mí por dos razones, por un lado la apreciación de la naturaleza y del incomparable territorio mexicano y por otro, la tolerancia por la incomodidad de estos viajes en que todos (incluyendo Papá y Mamá) teníamos que ejercer la práctica y arte de la flexibilidad física y mental. Si no por convicción, por amor a la paz. Así, aprendimos a controlar, el hambre, el cansancio y las ganas de ir al baño. Experimentamos el pánico y la angustia (o en algunos casos la excitación) de perder hermanos (as) en bosques, mercados y ciudades ajenas; encuentros desafortunados entre el coche y vacas o venados y otros terrores de viajar por carreteras angostas, en la obscuridad o, en su oportunidad, bajo condiciones climatológicas perversas. Estas últimas vicisitudes nos hacían rezar en silencio -para no delatar alguna falta de confianza en Papá o Mamá (aunque a veces me preguntaba si no tenía compañía en mis plegarias o si era el único que clavaba las uñas en la vestidura del coche cuando, por ejemplo, la intensidad de la lluvia impedía ver para donde seguía la carretera). Me acuerdo en particular cuando subimos al cráter del Nevado de Toluca un día frío y sin sol, a lo largo de una carretera de aspecto improvisado que cuando no se desvanecía bajo la envoltura de una bruma densa, se confundía con la ladera de ceniza arenosa y negra del volcán por donde, pensaba yo, nos íbamos a despeñar en cualquier momento. No gocé mi visita a cráter porque sabía lo que seguía: el descenso por el mismo camino -y posiblemente el último. Tenía mucha confianza en Papá pero la verdad es que, desde la perspectiva exagerada de un niño, el precipicio estaba muy empinado y la ceniza demasiado suelta para contar con ella para sostener una camioneta cargada con la familia entera. Todo era parte del encanto.

Por cierto en todos nuestros viajes no había excusas para dejar de observar la obligación de la misa y en consecuencia conocimos igualmente muchas iglesias coloniales, obscuras, en pueblos remotos y sobrecargados de olores simultáneos a claveles, incienso y fritangas en donde nos sometíamos a sermones que se alargaban por las reverberaciones sobre los muros que los hacían incomprensibles. Todo era parte del encanto.

Recordando nuestro último gran encuentro con el abuelo, hace un año, no es ni irónico ni sorprendente que ocurrió en uno de estos viajes familiares. Esta vez a Malinalco; con misa, arqueología y todo lo demás. Todo era parte del encanto.

Robi,

Septiembre 2012

jueves, 27 de diciembre de 2012

La Dignidad


Mayo del 2002

LA DIGNIDAD.
 

En nuestros tiempos filósofos y escritores afirman con frecuencia la igualdad de los seres humanos.  Esta aseveración resulta muy atractiva para muchos porque intenta borrar comparaciones enojosas entre personas en beneficio de los menos dotados quienes resienten el resultado de la comparación como una injusticia humillante que despierta en ellos un estado emocional a veces insoportable y que es  producto, afirman, de una actitud dolosa de parte del que juzga. Lamentablemente, la reflexión muestra en ocasiones que el juicio fue objetivo y no existe tal injusticia y la realidad. En tales casos no queda para el perdedor sino aceptar humildemente el resultado y luchar por remediar la causa de la inferioridad. Otras veces predomina el amor propio y  la soberbia se yergue arrogante cuestionando la honestidad del juez que, asegura, se dejó llevar por prejuicios y no tomó en cuenta argumentos manifiestamente en su favor. Es claro que en estos casos cualquier afirmación universal sobre la igualdad de los seres humanos es bienvenida y respaldada acaloradamente. Si hacemos uso, sin embargo, de esa capacidad humana de reflexionar sobre nosotros mismos, llegaremos indefectiblemente a la conclusión de que no hay dos seres iguales. Siempre habrá diferencias que nos aseguran que somos UNICOS E IRREPETIBLES, aunque siempre reconociendo la existencia de parecidos o semejanzas entre  personas. Es indudablemente cierto que los rasgos faciales podrían asemejarse hasta cierto punto, pero también es verdad que estas características de  igualdad tienen un límite y que, a fin de cuentas, somos únicos e irrepetibles, como se dijo anteriormente. 

Es necesario reconocer también que las comparaciones descritas con anterioridad no son necesariamente las únicas que se toman en cuenta al valorar a una persona y que siempre existen compensaciones: alguien  o algo podrá carecer, es cierto, de alguna cualidad en grado destacado pero también es cierto  que puede sobrepasar en alta medida al comparado en otra característica o virtud.  Además,  debe señalarse que no se trata de valorar a la persona en sí,  sino de evaluar su grado de adecuación para realizar una función.  Así se dice que “tal persona es  poco o muy valiosa para “realizar tal función o para tal propósito”. Aquí entra en juego lo que decíamos antes respecto a los valores: algún ser u objeto podrá adecuarse en alto grado a  una demanda o necesidad en tanto que, en otro caso, no se ajusta como deseáramos que lo fuera. Esta adecuación, cuando se trata de personas se llama DIGNIDAD. La “DIGNIDAD” de una persona es la medida de su capacidad para llenar una o varias funciones específicas. La dignidad de un gobernante expresa que posee las cualidades que lo capacitan para gobernar y que cada función que demanda el puesto será satisfecha en grado de excelencia con la capacidad o habilidad del funcionario para cumplirla. Esa capacidad constituye su DIGNIDAD. Se dice por tanto, que un gobernante es indigno de su puesto  cuanto no posee las virtudes para cumplir las obligaciones que su  empleo demanda o que sus vicios lo hacen incapaz de cumplirlas. Se califica a una persona como “DIGNA de encomio” cuando sus virtudes le permiten con creces, realizar lo que se espera de ella.   También se dice que una persona es “DIGNA de tal puesto” cuando su valor lo indica para tal empleo o bien que “tal puesto, empleo o cargo es de tal manera importante que le confiere “GRAN DIGNIDAD” a la persona que capazmente lo ocupa. En ese caso se da al que lo ocupa el calificativo de DIGNATARIO.
 
RMM

viernes, 7 de diciembre de 2012

Compartir


COMPARTIR

 “Compartir es dar a una o varias personas, voluntaria y libremente, el usufructo de algo que le pertenece”, y sin pedir nada a cambio. El dueño del o de los objetos compartidos inicia el acto de compartir, cumple la parte activa del acto y los que reciben lo compartido tienen el papel pasivo. Al compartir el que comparte se desprende de la exclusividad de lo que posee en beneficio de otro u otros,

Existen  maneras de compartir de acuerdo con este postulado:

-La primera es hacer común la propiedad y el usufructo de lo compartido.

-La segunda sería compartir solamente el usufructo del bien compartido.

Compartir está en la esencia del amor y demanda amar al que necesita algo y también por su parte, amar recíprocamente al que le comparte lo que posee, pero no convirtiéndolo en otro necesitado.

Compartir es en su esencia, un evento social, ya que cuando algo se comparte en el acto tienen que participar cuando menos dos personas: el que comparte y el o los que reciben lo compartido.

Compartir significa para el que comparte el desprendimiento de una parte de lo que posee y  esto habitualmente lo perjudica de alguna manera.

Compartir implica a la virtud de la empatía que significa el poder proyectarse mentalmente en la realidad personal de otro ser humano. No necesariamente en su realidad física sino en sus realidades psíquicas o espirituales

No podría compartirse algo que no pertenece al que desea compartir. Lo ajeno podrá distribuirse pero no compartirse.

Cuando se comprende a otra persona, se está intercambiando información entre ambos y eso implica compartir lo que se sabe alternativamente.

Lo que se comparte puede ser cualquier cosa que se posea. No necesariamente física. También se puede compartir información, pero no algo que forme parte de la esencia de un ser humano. También hay cosas que no pueden compartirse porque físicamente no son fraccionables, como la propiedad de algo.

Compartir es en su esencia un proceso mental  que involucra la libertad del que comparte.

También es posible que alguien rehúse a que otro comparta algo con él.

El poderse imaginar lo que está ocurriendo en la mente de otro es lo que en psicología se llama “empatía”

Compartir es una virtud en el sentido de que   cuando se reiteran los actos de resolver los problemas  de otros, al hacerlo el que comparte adquiere una costumbre que, como todas las costumbres, facilita y afina la calidad de esos actos, al mismo tiempo que se produce una automatización. Esto significa que adquiere una actitud virtuosa. Sin embargo, no bastan para ello las buenas intenciones, son solamente los actos repetidos los que producen el acostumbramiento.

Compartir no es un instinto, es una virtud y por tanto debe aprenderse. Para ello, los padres deben enseñar a sus hijos a el arte de compartir lo que poseen con generosidad pero también con inteligencia.

No se comparte solo por compartir. Compartir constituye un acto de amor al prójimo.

Se puede practicar el compartir por filantropía o como un acto de amor hacia Dios, como explícitamente nos lo ha pedido en el evangelio.

Amar a nuestro prójimo, puede dar satisfacción, pero esta experiencia no debe influir en nuestras decisiones. La práctica de compartir es un acto de nuestra libertad y debe practicarse por razones válidas no por la simple satisfacción de hacerlo, aunque es perfectamente aceptable experimentar placer por ello, pero no como motivo principal de su práctica. 
RMM

martes, 27 de noviembre de 2012

La Familia Maass (parte 1)


LA FAMILIA MAASS


 
         La familia mexicana que lleva el nombre de Maass, fue fundada a mediados del siglo XIX por Don Joachim Maass Lieth, natural de la Villa de Schomberg, ducado de Mecklenburgo, en Alemania, e hijo de Don Joachim Maass y Doña Catalina Lieth.

A la edad de 28 años se casó en la Iglesia del Santuario de Nuestra Señora de los Dolores, en Campo Florido (por el Sr. cura del Sagrario Metropolitano Dr. José María Diez de Sollano de la ciudad de México, quien mas tarde fue primer obispo de León, Guanajuato), con Doña Remedios Flores Torices, oriunda de la ciudad de Oaxaca, de 18 años, e hija de Don Manuel Flores y de Doña Maria de Jesús Torices.

        Muchos descendientes tuvieron la familia Maass Flores, notable por los militares que dio al Ejército Mexicano, entre ellos: Joaquín, Gustavo Adolfo y  Fernando. Joaquín Maass Águila, hijo mayor de Joaquín Maass Flores y su esposa Mercedes Águila, fue también militar.

        Como dato interesante, en León, Guanajuato fue fusilado (en agosto de 1914) el Coronel Fernando Maass Flores, hermano de los generales Joaquín y Gustavo Adolfo. Presidía él, por aquella época, el Consejo de Guerra que funcionaba en dicha ciudad, lugar que no abandonó al aproximarse las tropas de la División del Norte del ejército de la Revolución, creyéndose seguro al margen de cualquier venganza o represalia. Tan pronto como los revolucionarios tuvieron noticia de su presencia,  lo llevaron al cementerio y lo ejecutaron sin más trámite, junto con sus dos hijos mayores, quedando su hija Concepción a expensas de los revolucionarios, por lo que tuvo que huir disfrazada de indígena.

 
RME
Advertencia:
Esta nota  es copia de un recorte de origen desconocido, sin fecha ni indicación del nombre del periódico en que fue publicada. Fue copiada y corregida por Margarita Maass de Rivero Borrell.

lunes, 29 de octubre de 2012

Recordando al Abuelo (escrito de Pablo Gómez Gallardo Maass)


27 de Septiembre del 2012, Boston MA, EUA

Querida abuela Lila,

Antes de hablar del abuelo, hoy que celebramos un año de su triunfo en esta vida, te quiero agradecer y celebrar a ti. No cabe duda que has sido tu quien quizás ha sentido la ausencia del abuelo más que todos nosotros. Él era la primera y la última persona ala que veías cada día, la persona con la que más discutías y al mismo tiempo que más entendías y te entendía. Tú lo conociste en todas sus facetas humanas: como esposo, como padre, como abuelo, como profesional, como ciudadano, y hasta como hijo de Dios, pues no se guardaba riada para él. Eres tú la que cualquiera pensaría que necesitaría más consuelo al verlo partir y al celebrar un año de se que se fue. Sin embargo, tu nos has demostrado que TODO en esta vida, si se ve a la luz de Dios y con esperanza, tiene un sentido único que nos hace entender las adversidades y tristezas que nos tocan y nos tocarán vivir.

Muchas gracias por ser tu quien nos ha mantenido fuertes y más unidos que nunca. Que ironía que cuando una familia pierde un elemento sea cuando más esta se une.

Cada una de tus cartas y páginas de tu blog es un legado único que nos dejas no solo en tu nombre sino en el nombre del abuelo, ya que estoy seguro que cada uno de esos temas fue motivo de debate entre tú y él. Un debate, que a diferencia de cualquier debate, se basaba en profundizar en lo que cada uno de ustedes dos ya sabía y entendía. Gracias por cada una tus palabras, consejos y cachetadas con guante blanco, aunque a veces de forma un poco directa. Déjame decirte como comunicólogo que cualquiera diría que has tomado clases de comunicación en redes sociales. Tus mensajes son claros, utilizas palabras entendibles para todo público, y sobre todo, rara vez pasan de una página. Solo te digo que un buen libro debe tener por lo menos unas 300 páginas, y llevamos solo 30.

Sobre el abuelo.... Que anécdota puedo contar en la que tú no hayas estado ahí. Creo que sería un error resumir mi experiencia con el abuelo a una sola, y la verdad me cuesta mucho. Cada vez que pienso en él me lo imagino junto a ti y pienso en los dos. Nuestros viajes en familia y nuestros viajes solos los tres. Siempre me quedé con la ilusión de yo llevarlos a de regreso a Europa, y el abuelo me lo recordaba todo el tiempo. Recuerdo esos momentos de angustia que el abuelo nos hacia pasar en los viajes... el pasaporte en Barcelona, la perdida en Madrid. Pero también recuerdo lo mucho que nos consentía en cada salida a comer y paseo en la ciudad. Me acuerdo de sus profundas pláticas a las cuatro de la mañana cuando yo me quedaba a dormir al pie de tu cama. Sobre sus enojos, creo que como nieto no recuerdo mucho esa parte. Todo lo que nos dio siempre fue cariño, amor y consejos sobre CUALQUIER tema... Hasta el más incomodo de tratar con tu abuelo...jajá
 

Pensé que esto sería más fácil, pero no pude evitar soltar las lágrimas, así que hasta aquí lo dejo. Me gustaría mucho leer lo que los demás escribieron, y estaría padre que hacer un compendio de cada una de las cartas.

Finalmente abuela, te quiero agradecer tú última carta (#30). No sé por qué pero pienso que iba un poco dirigida a mí. Sé que la distancia separa y a veces de una forma que por más Skype que exista no es lo mismo que estar ahí compartiendo una comida, pero solo quiero que sepas que si algo tengo en esta vida es orgullo de esta gran familia; de cada uno de mis tíos, primos, hermanos, papas y sobre todo de ti.

Te quiero muchísimo y creo que el abuelo sabe perfectamente lo mucho que lo quiero a él.

A todos les quiero decir que no esperen para decirle a las personas que queremos lo mucho que las queremos. Piensen no solo en la abuela, si no en cada uno de sus hermanos, papas, primos y amigos. Cuantas cosas no nos hubieran gustado decirle al abuelo antes de que se fuera. Cuantas cosas buenas no dijimos sobre él hace un año a todas las personas que nos acompañaron, y sin embargo nunca se las dijimos a él. Aunque estoy seguro que el escucho y escucha cada una de nuestras palabras, cuantos no daríamos todo para decírselas frente a frente y verlo sonreír y darnos un beso y un abrazo.

Les mando un beso y un abrazo a todos. Me daría mucho gusto estar ahí hoy con todos ustedes.

Pablito